Sobre el basamento el desarrollo en altura del hotel vuela en todo su perímetro. A partir de éste el volumen se desarrolla en doce plantas y un ático en las que ya se abandona el formalismo del revestimiento pétreo para reivindicar la capacidad plástica de la forma geométrica. Las primeras ocho plantas constituyen el desarrollo central del edificio, sirviendo las últimas cuatro plantas para abordar el concepto de remate de una forma dinámica. La esquina se vacía gracias a la introducción de unas terrazas que contraponen su horizontalidad a la explícita verticalidad de la esquina.
El uso del color enfatiza esta horizontalidad gracias a una composición bicromática aplicando un gris en las bandas de terrazas y el blanco en el plano de fachada en el proyecto original, desaparecido en la última restauración. Dichas terrazas ocupan toda la superficie en el desarrollo central de las ocho plantas, para desaparecer parcialmente en las tres plantas siguientes concentrándose en la esquina, y permitiendo por fin el protagonismo al plano de fachada. La fachada sirve así de fondo de la esquina cilíndrica reforzando por contraste el carácter vertical del edificio. Este efecto de fondo-figura de la fachada-esquina se refuerza en la última planta, donde desaparece la forma cilíndrica de la esquina y es el paño de fachada, ya retranqueado de nuevo al perímetro del solar resaltando aún más su contundencia expresiva.
Para acabar, es de justicia reseñar que Juan Jáuregui seguiría en una línea de compromiso moderno en el Hotel Pez Espada de Torremolinos, que realiza junto con Manuel Muñoz Monasterio a finales de los sesenta, obra más conocida del autor, incluida en el Catálogo del DOCOMOMO Andaluz y protegido a nivel autonómico y considerado una de las joyas de la arquitectura Moderna en Andalucía.

